2010

"BIENVENIDO A MI BLOG"

8 de abril de 2015

PANEGÍRICO AL SILENCIO


''El silencio es el orgasmo interior oculto en el misterio de nuestra alma, es la lava de mil volcanes a punto de erupcionar, es el todo y la nada, es la voz de mil bestias y la lengua de mil dragones en un solo ser''.
                                                                           Trilce Aldeano


Eleonora Lo Giudice      




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Éste es un elogio al silencio y a nosotros, los silenciosos. En nuestra dulce obstinación por permanecer callados, los silenciosos, encontramos la mejor manera para escuchar el murmurio incesable que puebla nuestro mundo interior, con el cual estamos constantemente en comunicación. Allí se agitan situaciones y personas que desafían los confines entre lo real y lo imaginario y que nos exigen interactuemos con ellas, de la misma manera como los personajes les exigen a sus autores que escriban sobre ellos. Y así, nuestro cuerpo está en un punto bien determinado del mundo real, y nuestra mente vaga en un tiempo y en un espacio que sólo encuentran su ubicación en el mapa de nuestro yo.

Siendo, para nosotros, el mundo exterior sólo una proyección del mundo interior, los silenciosos no necesitamos seguir las reglas y las etiquetas del mundo objetivo y mesurable. Un observador externo piensa que somos tímidos, cerrados, sobrados, fríos. Nosotros no somos nada de eso. Conocemos tan bien las emociones, que somos capaces de recrearlas en el mundo interior. Y así, se nos reconoce cuando, desde nuestro ángulo solitario, nuestros labios y nuestros ojos cobran vida propia y bien esbozan una sonrisa y bien se llenan de lágrimas. Los silenciosos conocemos el poder de las emociones y la peligrosa soberanía que pueden llegar a alcanzar, por eso profesamos un religioso respeto hacia ellas. Queremos, apreciamos, estimamos pero no lo decimos. Somos celosos. Sin embargo, nosotros no necesitamos marcar el espacio ajeno, no toleramos los adjetivos posesivos aplicados a las personas o  a las cosas. Lo único que realmente nos pertenece es nuestro mundo interior y nosotros le pertenecemos a él. Y en este caso, decimos nuestro con la más profunda convicción. Es lo más precioso que tenemos, por eso no queremos exponerlo por completo y callamos, así nos bombardeen de preguntas o nos golpeen. Para nosotros es más importante guardar nuestro yo, poco  importa si esta actitud genera sospechas, recelos, desconfianzas, juicios equivocados. Nosotros sabemos quiénes somos y a quién debemos explicaciones.

Nos han dicho varias veces que amar es compartir, y nos ha parecido un pensamiento plausible. Sin embargo, para los silenciosos, la forma más sublime de amar es respetar el yo del otro. Desde que éramos niños, conocíamos el amor pero palabras, caricias y besos no nos parecían las únicas formas, ni las mejores, de amar. Cuando queríamos a alguien, lo colocábamos dentro de un resquicio muy especial de nuestro mundo interior, dejándolo que viva allí más allá del tiempo y del espacio. Y así, hemos desarrollado una relación muy fuerte con nosotros mismos, nadie nos enseñó eso, simplemente nacimos así y moriremos así. Esta relación de uno con uno mismo, nos ha hecho fuertes y emocionalmente independientes. Por eso podemos mover nuestro cuerpo de un lado al otro del globo: porque cuando nos morimos de añoranza, sabemos que el silencio es nuestro mejor aliado. Lo invocamos y él abre la puerta que nos lleva a comunicarnos con nuestros seres queridos. Y sabemos que, estemos donde estemos, siempre llevaremos con nosotros la relación más duradera que podamos tener en nuestra existencia: la relación de uno con uno mismo.

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Eleonora Lo Giudice

2015 - Abril


4 comentarios:

Homero Robles dijo...

Belleza y talento de nuestra italiana, excelente entrada, un discurso que se apropia de las letras y enciende mil antorchas. Un abrazo.


Homero

ËMy£iâ dijo...

Hay que escuchar la lluvia que cae y la que todavía no llega, escuchar nuestro propio silencio. Es en nuestro silencio, cuando nos escuchamos y reconocemos genuinamente.

Cariños.

Anónimo dijo...

Hermosa chica y excelente texto.

Saludos


Fabian

Adriana Mestanza Bracho dijo...

Maravilloso.