"El odio te mantiene esclavo de los pensamientos y no te dejará avanzar".
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El odio se ha vuelto un huésped silencioso en cada rincón del mundo. Habita en la política que divide, en el fútbol que enfrenta, en los trabajos donde la ambición reemplaza la empatía, en los negocios donde se confunde firmeza con crueldad, en los ideales convertidos en trincheras y hasta en las relaciones humanas que alguna vez nacieron para amarse. Ya casi no se conversa: se ataca. Ya no se debate: se desprecia.
Las opiniones dejaron de buscar la verdad y comenzaron a buscar enemigos.
Muchos hablan sin leer, juzgan sin investigar y condenan sin comprender. Basta un grito de algún seudo líder, una publicación vacía en redes sociales o una mentira repetida mil veces para que las personas entreguen su pensamiento al odio, como si pensar por cuenta propia fuera un acto demasiado difícil. Y así, poco a poco, las mentes se debilitan, porque el odio jamás hace libres a los seres humanos: los convierte en esclavos de su resentimiento.
Tal vez la salvación todavía exista en aquello que exige paciencia y profundidad: el amor, la lectura, los libros, el arte de escuchar y la humildad de investigar antes de hablar. Porque quien lee comprende; quien comprende piensa; y quien piensa difícilmente puede odiar con facilidad.
El mundo no necesita más fanáticos llenos de rabia. Necesita seres humanos capaces de mirar al otro sin convertirlo en enemigo. Porque al final, el odio consume primero el corazón de quien lo alimenta, mientras que el amor —aunque parezca frágil— sigue siendo la única fuerza capaz de salvar a las personas de sí mismas. Leer también te hace libre
Autor:
Trilce Aldeano
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Lima 2026061507
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