"Mi mayor defensa siempre será la poesía, ahi puedo amar sin límites..."
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A veces amar a alguien
es parecerse a una casa bajo tormenta:
todo cruje, todo tiembla,
y aun así uno permanece de pie
esperando que el viento comprenda
que también duele.
Tú no sabes lo triste que es
tener que defender el corazón
cada vez que la persona que amas se enfada.
Porque hay discusiones
que no buscan entender,
solo encontrar un culpable
para dejarlo sangrando en la mitad de la noche y el silencio.
Y siempre busco mi nombre
cómo el hombre que intenta,
el que escribe poemas cuando ya no sabe hablar,
el que recoge con las manos rotas
las partículas de una confianza
que jamás termina de nacer
el hombre que se equivoca,
el que juega al poeta y llora
porque no soy un mecanismo perfecto,
ni una máquina diseñada para aprenderlo todo
sin cansarse jamás.
Soy humano.
Tengo miedo.
Tengo heridas.
Tengo días malos
donde también necesito que alguien me abrace
en lugar de interrogarme como si amar fuera un crimen.
Pero para el mundo y sus sombras
parece más fácil dudar de mí
que mirar todo lo que he hecho
es un vacío sin vida. Nada.
Cada amenaza de despedida
cae dentro de mí
como una puerta cerrándose en un hospital vacío.
Y quizás tú no lo notes,
pero uno es mortal y sangra
de vivir sintiéndose provisional
en la vida de quien ama.
Lo más inexplicable
es que sigo escribiéndote.
Sigo dejando pedazos de mi alma
en palabras que tal vez ya no lees,
como quien arroja cartas al mar
sabiendo que ninguna regresará.
Porque soy poeta,
y un poeta no deja de escribir
aunque el amor se vuelva un cuarto frío
donde nadie escucha.
A veces pienso callar
No porque deje de amarte,
sino porque tal vez mi ausencia
pueda darte la paz
que mi presencia nunca consiguió regalarte.
Tal vez allá afuera exista alguien
más parecido a tus expectativas,
más inmune al error,
más fácil de perdonar.
Y yo…
yo solo soy este hombre cansado
que amó con toda la fuerza que tuvo,
aunque nunca pareciera suficiente.
Quizás el amor más triste
no es aquel que termina,
sino aquel donde uno empieza lentamente
a desaparecer
intentando ser amado.
Porque nadie debería sentirse invisible
mientras entrega el alma.
Y aun así,
hay corazones que aman tanto,
que aprenden a romperse en silencio
para no incomodar a quien aman.
Autor:
Trilce Aldeano
Lima 202605200030

