Estoy lejos,
allá donde la montaña parece tocar el cielo
y el camino se vuelve silencio,
donde el viento trae consigo
el olor antiguo de la tierra
y los paisajes parecen haber sido pintados
para que uno recuerde lo que ama.
He venido por trabajo,
con las manos ocupadas de sueños y proyectos,
pero el corazón — ese viajero indomable —
ha tomado otro camino:
ha vuelto a ti.
Miro los abismos,
las cumbres vestidas de niebla,
los verdes interminables,
la tarde derramándose lentamente sobre los cerros,
y en cada paisaje encuentro tu ausencia,
como si la belleza tuviera la extraña costumbre
de pronunciar tu nombre.
Ya no estás ...
lo sé.
Hay distancias que no se cruzan con caminos,
silencios que ninguna palabra consigue romper,
y amores que, aunque pierdan su lugar en la vida,
se quedan viviendo para siempre
en una habitación secreta del corazón.
Quizá por eso te recuerdo aquí,
tan lejos de todo,
cuando el mundo parece inmenso
y yo apenas soy un hombre
mirando las montañas
con los ojos llenos de pasado.
No sé dónde estarás esta tarde,
ni qué paisaje estará contemplando tus ojos,
pero a veces imagino que el viento
puede llevarte algo de mí:
una memoria,
un suspiro,
la sombra de aquel amor
que no supimos salvar del tiempo.
Y entonces escribo.
Porque escribir es mi manera de volver,
de rescatar del olvido aquello que todavía duele,
de convertir la nostalgia en belleza
y hacer de una herida
una página donde todavía florece la vida.
Leer y escribir son mis refugios,
mis dos pequeñas lámparas contra la noche.
Mientras tenga un libro entre las manos
y una palabra buscando nacer,
nunca estaré completamente solo.
Quizá algún día deje de doler tu ausencia.
Quizá no.
Pero no le temo a ese recuerdo:
hay amores que no regresan
y, sin embargo, permanecen.
Porque algunas personas se van de nuestros días,
pero no consiguen marcharse del corazón.
Y yo seguiré viajando,
subiendo montañas,
cruzando caminos,
construyendo sueños bajo cielos desconocidos;
seguiré mirando paisajes hermosos
y encontrándote, inevitablemente,
en alguna nube,
en alguna tarde,
en el silencio profundo de una montaña.
Y mientras exista una página en blanco,
seguiré escribiendo.
Porque tal vez esa sea mi forma más pura de amar:
dejar que el tiempo se lleve todo,
menos las palabras.
Y si alguna vez alguien encuentra mis poemas
perdidos entre libros y caminos,
sabrá que hubo una mujer
que se marchó de mi vida,
pero nunca de mi literatura;
de mi poesía
que una vez amé profundamente,
y que desde entonces
cada paisaje hermoso
tiene un poco de su recuerdo.
Autor;
Trilce Aldeano
Todos los Derechos Reservados
Buena vista – San Marcos, Áncash 2026

1 comentario:
Maravilloso.
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