2010

"BIENVENIDO A MI BLOG"

13 de julio de 2026

JAREY

 



Hay quienes creen que el amor termina

el día en que dos manos dejan de encontrarse.


Ignoran que existen pequeñas eternidades

capaces de sobrevivir incluso al silencio.


JAREY no es un oso de peluche.

Es la forma que encontró la ternura

para quedarse cuando las palabras

ya no supieron regresar a casa.


Ella me lo entregó sin imaginar

que un día el tiempo aprendería a separarnos.

Y, sin embargo, en este pequeño pecho de algodón

continúa latiendo aquello que no pudo romper la distancia.


Muchos sonríen con indulgencia,

como si abrazara apenas un juguete olvidado.

No saben que hay objetos

que reciben el peso de un universo entero;

que existen regalos donde dos almas

depositan la parte más frágil de sí mismas.


Cuando lo miro, no regreso al pasado:

regreso a la persona que fui cuando la amaba,

a ese hombre que descubría el mundo

como quien enciende una lámpara en medio del invierno.


Ella ya no camina a mi lado.

La vida eligió otros senderos.

Pero sé que, 

en algún rincón de su memoria,

también existe un abrazo reservado para JAREY.


Y esa certeza, tan humilde y tan inmensa,

es un puente que el tiempo todavía no ha conseguido derribar.


Hay amores que se marchan.

Otros permanecen escondidos

en la música de una taza de café,

en una fotografía,

en un libro abierto,

o en un oso que guarda,

sin pronunciar una sola palabra,

la historia de dos corazones.


Por eso, cuando abrazo a JAREY,

no abrazo la ausencia.

Abrazo la gratitud de haber amado de verdad.

Porque solo quien ha conocido un amor sincero

comprende que ciertos símbolos

dejan de pertenecer al mundo de las cosas

y empiezan a pertenecer, para siempre,

al lugar donde el alma conserva

lo más hermoso que alguna vez llamó hogar.


Autor 


Trilce Aldeano 


Edición y publicación 


María del Carmen García Guerrero 


Bogotá – Colombia 


Todos los Derechos Reservados 


Lima 2026131800

12 de julio de 2026

La Ninfa de los Bosques.

 

Esta noche volveré a conversar 

con el viento 

no para pedir que regreses,

sino para que alguien le enseñe a las estrellas

el camino exacto donde dejaste latiendo mi nombre.


Desde entonces, 

ninguna oscuridad

 ha sido suficiente

para esconder la luz que aún nace cuando te recuerdo.


He aprendido que la ausencia también tiene manos:

abre despacio los cajones del alma,

desordena los días,

dobla con paciencia los recuerdos

y deja sobre la mesa el perfume de aquello

que nunca terminó de marcharse.


Si alguna vez ese viento roza tu rostro sin motivo,

no apartes la mirada.

Quizá sea una palabra mía

que se cansó de vivir encerrada en mi pecho

y salió a buscarte,

con la esperanza de descansar un instante

entre el silencio de tus labios.


No te escribo para romper la distancia.

Hay amores que se honran precisamente así:

sin invadirlos, sin exigirles un regreso,

dejándolos existir como existen los faros,

iluminando desde lejos

barcos que jamás volverán a tocar su puerto.


Y, sin embargo, te amo.

No con la impaciencia de quien espera,

sino con la serenidad dolorosa

de quien entendió que algunas personas

no abandonan la vida 

cuando se van;

simplemente cambian de lugar

y comienzan a vivir 

para siempre

en esa habitación del corazón

donde el tiempo

 no tiene permiso

 para entrar.


Autor:

Trilce Aldeano

Edición y publicación 

María del Carmen García Guerrero 


Bogotá – Colombia 

Todos los Derechos Reservados ©️ 


5 de julio de 2026

Ausencia.

 Escribo a tu recuerdo

hay jardines que sólo florecen

 cuando nadie los nombra.


Mi amor ha aprendido 

el oficio más difícil: arder sin hacer ruido.


Toda la distancia 

cabe en la breve sombra 

que deja tu ausencia

 sobre mi pecho.


A veces el viento regresa 

con un perfume que se parece a tus manos.


Entonces comprendo 

que la nostalgia también sabe 

reconocer tu alma que me nombra.


Podría llamarte,

pero rompería la delicada paz donde ahora respiras

en esa distancia que siempre 

fue un muro a nuestro abrazo.


Prefiero perderme cada noche conversando con la memoria

 de tus ojos.

Porque el amor más hondo no siempre llega: a veces sólo vela, calla... y permanece.


Autor:

Trilce Aldeano


Todos los Derechos Reservados ©️ 


Trujillo 2026-0046 

4 de julio de 2026

El Tiempo y los sueños

 Ven, 

que he guardado para ti

un puñado de versos 

que no dejaron de nombrarte.


Tengo café,

 fruta madura,

la tarde desnuda,

pocas palabras, 

infinitos deseos,

y dos copas de vino

temblando en la mesa.


Tengo un rincón de calma

justo en el centro del pecho.

Tengo esto y algo eterno.

¿Recuerdas que íbamos a volver 

a Santa Rosa?

Hoy es sábado 

No sé si aún te pertenece

este llamado que me habita,

ni cuándo volverá a florecer

la sed de tu piel y de tu alma.


Autor:

Trilce Aldeano


Todos los Derechos Reservados ©️ 

3 de julio de 2026

RECITALES DE INVIERNO: El Crepúsculo y el Tiempo.

 Entre el aeropuerto, aquella habitación, Canta y Santa Rosa, habita un recuerdo que son memorables y únicos, merecen ser inmortalizados.

Trilce Aldeano 







A ti. que habitas en los crepúsculos de invierno y levitas en mi memoria infinita.


*****

Mientras exista el crepúsculo

No toda ausencia es un olvido.


Hay amores que aprenden a vivir en silencio,

como la luz que abandona la tarde

y, sin embargo, permanece un instante

acariciando la memoria del horizonte.


Te amo sin pedirle al destino que me devuelva tus pasos.


Te amo como se ama aquello

que hizo del corazón un lugar más digno,

más humano,

más capaz de agradecer incluso las despedidas.


Gracias a la vida por haberte encontrado.

Gracias por los días en que la felicidad

llevó tu nombre entre mis manos,

por las risas que aún florecen

en el jardín secreto de mi memoria.


Cada anochecer te escribo.

No para romper tu paz,

sino para conversar con la esperanza,

esa antigua artesana de los sueños

que todavía imagina tu regreso

sin convertirlo en una exigencia.


Y mientras el tiempo escribe su propio poema,

yo continúo el mío:

trabajo con el mismo fervor con que antes te esperaba,

aprendo, crezco, construyo,

levanto mis días con la dignidad

de quien entendió que el amor verdadero

también consiste en seguir adelante.


Respeto el lugar donde ahora habita tu recuerdo.


No intento cambiar el curso de tu tranquilidad.

Hay memorias que se honran mejor

dejándolas respirar bajo el cielo

que pretendiéndolas encerrar entre las manos.


Si un día la vida vuelve a cruzar nuestros caminos,

hallarás en mí un hombre más sereno,

más fuerte,

con el alma enriquecida por el trabajo,

por la poesía

y por la gratitud de haber amado de verdad.


Y si ese día nunca llega,

seguiré mirando el crepúsculo con una sonrisa discreta,

porque hubo un tiempo en que el universo

me permitió llamarte amor,

y hay regalos tan inmensos

que alcanzan para iluminar una vida entera.


Autor:


Trilce Aldeano


Edición y publicación 


María del Carmen García Guerrero 

Bogotá - Colombia 


Todos los Derechos Reservados ©️ 

ISBN 2026070050 – 03




1 de julio de 2026

RECITALES DE INVIERNO: La Noche.

 


No me preguntes su nombre, ni el motivo de esta tristeza 

Hay dolores que fueron creados para ser llorados en el idioma del silencio.


La amé con la devoción con que

 el mar abraza la orilla sin sospechar que una sola marea podía dejarlo conversando para siempre con sus propias ausencias.


Nunca imaginé que el amor también pudiera tener el rostro de la misericordia perdida, que unos ojos capaces de encender todos mis amaneceres aprendieran, sin temblar, a apagar mi universo.


Desde entonces llevo un cementerio latiendo bajo el pecho. 

No hay sangre en mis venas: hay recuerdos buscando un lugar donde dejar de doler.


 No hay respiración: solo un hombre que aprendió a sobrevivir con el alma arrodillada entre sus propias cenizas.


He dejado de esperar las historias

 Hasta Jarey guarda silencio cuando un corazón se rompe de una forma que ninguna palabra consigue nombrar.


Ahora solo camino junto a mis versos. Ellos recogen, uno por uno,

 los fragmentos de la vida que ella dejó caer, y con infinita ternura intentan construir un hombre donde apenas queda un eco y dolor.


Tal vez nací para terminar así: abrazando la soledad como quien abraza la última lámpara encendida en un mundo sin regreso.


 Porque hay amores que...

 y hay otras que, aun quedándose en la memoria, se llevan para siempre la parte más inocente de quien las amó.


Si alguna vez vuelves a encontrarme, no busques en mis ojos al hombre que fui. 


Él murió el día en que comprendió que el amor más puro de su vida había elegido convertir su corazón

 en el lugar más triste del universo aquella noche entre el alcohol y la miseria moral.


Autor

Trilce Aldeano


Todos los Derechos Reservados