Ven,
que he guardado para ti
un puñado de versos
que no dejaron de nombrarte.
Tengo café,
fruta madura,
la tarde desnuda,
pocas palabras,
infinitos deseos,
y dos copas de vino
temblando en la mesa.
Tengo un rincón de calma
justo en el centro del pecho.
Tengo esto y algo eterno.
¿Recuerdas que íbamos a volver
a Santa Rosa?
Hoy es sábado
No sé si aún te pertenece
este llamado que me habita,
ni cuándo volverá a florecer
la sed de tu piel y de tu alma.
Autor:
Trilce Aldeano
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