Hay fechas que no pasan:
se quedan dormidas
en algún pliegue de la memoria,
como una carta que el tiempo
nunca se atreve a abrir.
Mañana será treinta de agosto,
y quizá la tarde no lo sepa,
quizá el mundo continúe
con su costumbre de seguir andando;
pero habrá una luz en alguna ventana
que me recuerde lo que pudo ser.
Hubo un tiempo
en que dos sueños miraban hacia el mismo horizonte
sin preguntarse cuánto duraría el viaje.
Y en aquel horizonte
tuve una musa,
un nombre que hacía más hondas mis palabras
y más tibias mis noches.
Ahora camino por otra orilla.
No porque haya olvidado el mar,
sino porque aprendí
que a veces amar también es
dejar que la distancia cuide
lo que nuestras manos ya no pueden sostener.
No sé qué habrá sido de tus días,
ni qué canciones acompañan ahora tus silencios.
Solo sé que, de vez en cuando,
la nostalgia abre una puerta
y entra tu recuerdo
sin pedir permiso.
Quizá el tiempo sepa
cuándo dejará de hacerlo.
Yo no.
Por ahora,
te guardo donde se guardan las cosas verdaderas:
sin ruido,
sin preguntas,
sin intentar regresar.
Y si alguna vez el viento
lleva hasta ti una palabra mía,
que no diga mi nombre.
Que solo diga
que hubo una vez
un amor que, aun desde lejos,
aprendió a quedarse
sin interrumpir tu paz.
Autor:
Trilce Aldeano
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Lima 202629082034
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