2010

"BIENVENIDO A MI BLOG"

28 de septiembre de 2026

El Halcón Peregrino

 




Vivo solo. Y he aprendido a no confundir la soledad con el abandono: soy mi propia compañía, mi propia casa y mi propia responsabilidad.

Nadie espera mis pasos, nadie reclama mis horas, nadie decide cuándo debo dormir, leer, escribir o permanecer despierto. Si una idea me visita a medianoche, enciendo la lámpara y la recibo. Si el amanecer me encuentra trabajando, no le debo explicaciones a nadie.

He hecho de mi vida una habitación sin horarios y de mi libertad una disciplina.

Porque vivir solo no significa estar vacío; significa ser responsable de cada silencio, de cada decisión, de cada minuto que se nos concede.

No tengo a quién culpar por mis días.

No tengo a quién entregarle las riendas.

La vida es mía.

Y mientras esté despierto, estoy de guardia.


Autor 


Trilce Aldeano 


Todos los Derechos Reservados 



25 de septiembre de 2026

RECITALES DE INVIERNO: Elegía de un Adiós

 



Hay un invierno que todavía pronuncia tu nombre

en las habitaciones vacías de mi sangre.

No sé en qué instante

la luz comenzó a inclinarse sobre nosotros,

ni cuándo el horizonte,

que alguna vez parecía una promesa,

se volvió distancia.


Fuimos la víspera de algo eterno.

Dos cuerpos acercándose al fuego

sin saber que también la llama

puede ser una forma de despedida.


En algún lugar que no existe

permanece intacta nuestra casa:

el árbol que nunca sembramos,

la mesa que jamás reunió nuestras manos,

la ventana donde una mañana inexistente

habría entrado con el rostro de nuestros hijos.


Todo aquello vive todavía

en esa región sin nombre

donde sobreviven las cosas

que nunca llegaron a suceder.


Y quizá eso sea lo más triste del amor:

no perder solamente lo vivido,

sino también la vida que pudo haber sido.

Hoy dejo caer tu nombre

en el río oscuro del tiempo.

No para olvidarlo,

sino para que encuentre

su propia manera de alejarse de mí.


No habrá ceniza sobre nuestros días.

No levantaré ruinas contra tu memoria.

Ninguna culpa tendrá mi boca,

ningún reproche encenderá sus lámparas.


Hay dolores demasiado hondos

para necesitar un culpable.


Basta con saber

que alguna vez dos destinos

se reconocieron bajo la misma lluvia

y, aun amándose,

no encontraron la puerta

por donde pudieran entrar juntos al futuro.


Yo me iré.

No como quien cierra una puerta,

sino como quien abandona un templo

cuando ya no quedan plegarias

capaces de devolverle el alba.


Y si alguna vez el tiempo

desentierra nuestros pasos,

que encuentre allí solamente

la huella de dos seres

que se amaron sin saber salvarse.


¡Porque te amé!

Y hay amores que,

aunque pierdan la casa,

conservan para siempre

el incendio de haber sido.

No sé hasta cuándo

seguirás ardiendo en mí.


Quizá hasta que el último pájaro

olvide la ruta de mi memoria,

hasta que la noche pierda

su antigua costumbre de buscar estrellas,

hasta que mi corazón,

cansado de pronunciar tu ausencia,

aprenda finalmente

el idioma de la nieve.


Pero hoy te dejo ir.

Y no llevo conmigo

ni la espada del resentimiento

ni la balanza de los reproches.

Solo esta tristeza

—quieta, profunda, irrevocable—,

y la certeza de que hubo una vez

un lugar entre tu vida y la mía

donde el mundo pareció detenerse,

y allí,

por un instante que todavía duele,

fuimos casi una familia,

casi un destino,

casi para siempre.


Autor:


Trilce Aldeano 


Todos los Derechos Reservados 

Lima 202609194523



17 de septiembre de 2026

TRAVESÍAS INMORTALES: Buena Vista

 



Sigo en Buena Vista,

San Marcos,

como quien se queda un poco más

cuando todos ya se han marchado.


Hace dos semanas llegué

con el ruido de un proyecto,

con hombres, herramientas,

planes y días por cumplir.


Ahora mis trabajadores se fueron,

y yo me quedé con lo pendiente,

con algunas cosas que resolver

y con esta inmensa montaña

mirándome en silencio.


La ciudad quedó lejos.

También la casa,

la familia,

las voces conocidas,

el movimiento de siempre.

Aquí la noche tiene otra música:

el viento entre los árboles,

algún animal perdido en la distancia,

el rumor de la tierra respirando,

y ese silencio profundo

que no está vacío,

porque está lleno de estrellas.


Esta noche dormiré en una casa

perdida entre la montaña,

y quizá por eso

no siento que esté completamente solo.


Hay algo en estas paredes,

en el frío de la madrugada,

en el olor de la tierra,

que me devuelve a la infancia:

a la casa de mi abuela,

a aquellos días sin relojes,

cuando caminaba libre

sin saber que algún día

iba a extrañar tanto

aquella libertad.


Qué extraño es el tiempo:

uno viaja buscando resolver la vida

y termina encontrándose

con el niño que dejó atrás.


Quizá la montaña me retuvo

para enseñarme algo sencillo:

que también existe belleza

en quedarse a solas,

en escuchar la noche,

en contemplar el cielo

sin pedirle respuestas.


Hay nostalgia, sí.

Una melancolía suave

que se sienta conmigo

cuando cae la tarde.

Pero no toda soledad es tristeza.


A veces la soledad

es una habitación silenciosa

donde el alma vuelve a escucharse.

Y aquí estoy,

lejos de casa,

bajo un cielo antiguo,

rodeado de montañas

y de estrellas que parecen recordar

lo que nosotros olvidamos.

Tal vez Buena Vista

no sea solamente el lugar

donde vine a terminar un proyecto.


Tal vez sea, por unos días,

ese pequeño rincón del mundo

donde la vida me dejó solo

para devolverme,

sin saberlo,

a mí mismo.


Autor:


Trilce Aldeano 


Todos los Derechos Reservados.


Buena vista 202609172113

3 de septiembre de 2026

Paisajes de la melancolía.

 Hay días en que el alma se cansa de cargar con su propio nombre. Uno quisiera recoger las pocas cosas que todavía le pertenecen, cerrar la puerta sin despedirse de nadie y tomar cualquier camino que conduzca hacia un lugar donde el pasado no sepa encontrarnos.

Entonces imaginamos ciudades lejanas, estaciones desconocidas, habitaciones frente al mar. Pensamos que basta cambiar de cielo para que algo dentro de nosotros vuelva a respirar. Qué extraña ilusión: creer que la distancia puede hacer por el corazón lo que el tiempo no ha conseguido.

Porque uno viaja con todo lo que es.

Viajan las preguntas que nunca respondimos, las pérdidas que aprendimos a disimular, las decisiones que todavía nos persiguen cuando cae la noche. Viajan nuestros fantasmas, silenciosos y puntuales, sentándose a nuestro lado en cada tren, en cada avión, en cada habitación de hotel.

Y entonces comprendemos que quizá no buscamos otro lugar, sino otra versión de nosotros mismos.

Una que no haya llegado tarde a su propia vida. Una que no tema tanto equivocarse. Una que pueda mirar hacia atrás sin sentir que ha desperdiciado demasiados días.

Pero ninguna frontera sabe borrar un corazón.

Podemos cambiar de calles, de idioma, de horizonte; podemos contemplar otros mares y despertar bajo constelaciones que jamás habíamos visto. Y, sin embargo, al quedarnos solos frente a una ventana desconocida, allí estaremos otra vez: nosotros, con nuestras mismas preguntas, con la misma sed de sentido, con esa antigua tristeza que aprendió a viajar sin hacer ruido.

Tal vez por eso la verdadera fuga no sea partir.

Tal vez sea dejar de huir.

Quedarnos alguna vez frente a nosotros mismos, sin equipaje y sin excusas, y preguntarnos qué parte de esta vida que llamamos equivocada todavía puede ser salvada.

Porque quizá no estamos cansados del mundo.

Quizá estamos cansados de no saber cómo volver a nosotros.


Autor:

TRILCE ALDEANO


Todos los Derechos Reservados