“¿Es la
Muerte la paz perfecta del alma quebrada? ¿Es el fin de la búsqueda de la belleza perfecta?” TRILCE
JAVIER
I
- La
apuesta es una quincena, suficiente para un buen funeral
La
brisa de la madrugada golpeaba la “Costa Verde”;
El silencio
será mudo testigo hasta arrancar los motores.
(Rentar
un autómil bueno y potente sale costoso en Lima)
- Poeta
usted adora la Muerte y yo
La limonada.
Era Franco,
un viejo amigo de Praxis.
Se
podía oír el rugido de las olas, el frío era penetrante;
Sin embargo
la sangre de todos ardía por las venas por
Tanto alcohol.
Desconocía mi nombre.
- ¡Vamos
papitos, ustedes son los campeones!
La loca
Yamilé, cómplice leal de una pasada historia
Claro
en ese estado me sentí Toreto o Bryan y la furia
Se acercaba
cada vez más.
La
pista resplandecía de luces como miles
De luciérnagas
Volando;
Tal era
el efecto de los cigarros que el humo
Formaba
enormes figuras geométricas.
II
- ¡Vamos!
¡Quién es gallina que le levante la mano carajo!
El poder autoritario casi intimidante de Homero se
hizo sentir
En toda
la fila.
No
miento que tuve miedo, la rabia se apoderó de mi
Claro venía
la nostalgia y el dolor
La
muerte era solo paso del trago amargo de mi existencia.
- Dos
vueltas sin parar.
Todo
estaba consumado, mi copiloto fue la misma Yamilé
Dispuesta
y confiada que reía ante todo, sus piernas blancas entumecían
De frío
pero ella con tanto licor no sentía nada.
No
había vuelta atrás, cuando retomé el control de mi mismo
Corría a
100, mi mente empezó dibujar tristes recuerdos
Una de
ellas la historia de un gran amigo Ruiz que hace 5 años
Por la
misma zona perdió la vida al plantarse en un poste.
III
- ¡Mientras
yo corra todos serán segundos!
La
arrogancia de Paul me volvió a la calma y a un nuevo desafío.
Viaje
mucho años atrás y recordando esas tertulias literarias
Y por
desamores de la vida enfrenté a la muerte en un osado y
Aterrador
juego de “ruleta rusa”
Juré no
hacerlo nunca más y rompí mi juramento.
- ¿Dos
tiros en la misma vuelta? Dije
Todos me miraron aterrados como con desprecio
Yamilé
me abrazó sollozando, me secaba las lágrimas
¿En
verdad estaría llorando?
Una
pausa de silencio eterno.
- ¿Qué, nadie?
Mi corazón latía a mil
Soy
Poeta, soy bohemio – pensé
Recordaba
a Rimbaud, a Mallarmé, a Verlaine
A mismo
Poe, todo aquellos poetas que también
Lloraron
en silencio y enfrentaron a la muerte.
Recordaba
a una amiga Boliviana que quería ingresar
A mi
círculo PRAXIS y cuando le negué me acusó
De machista
y que nuestro círculo era una secta de “idiotas cultos”
Que juegan
a ser hombres.
- Yo me
apunto, yo le entro
Homero
era el segundo loco de la lista, por lo menos
Éramos dos.
Pasaron
10 minutos las riendas del peligro como aquellos grandes
Poetas
Malditos con sangre fría y el corazón en mil
El alma
quebrada se reunían en culto a la
Muerte.
Con tertulias
de sexo, alcohol y drogas.
- tengo
un pucho de marihuana
Claro faltaba
Guillermo, pero era necesario el alivio
De una
planta. Todos sonrieron.
Pietro beretta
de 9mm 84FS de trece disparos, guardado en el baúl por años
La
porta de mi licencia no era necesaria.
- Esta
mierda es en serio por la putamare.
Gritó Homero.
Las
súplicas de Yamilé no hicieron efecto
Era tan
hermosa que sus ojos me hacía retroceder por momentos.
Era la
primera vez que besaba a una amiga.
Luego
de establecer las reglas nada importantes nos sentamos sobre
El muro
que daba hacia la playa.
El azar
de la vida le dio el primer tiro a Homero.
Temblaba,
lagrimeaba, su puño que apretaba el gatillo tiritaba
- ¿Huevones
en serio quieren hacer esta webada?
Quise
decir no, era tarde el “trac” del gatillo me hizo callar.
Mi
turno.
¡Mierda!.
La muerte es una mierda y la vida también – pensé
Si
cuando te mueres solo te lloran tus hijos y tu madre, solo
Ellos te
lloran de alma- dije a mí mismo.
Yo no
tengo madre ni hijos por la putamare.
Mi susurro
fue escuchado por Homero.
- Poeta
es verdad, solo la madre te llora de verdad
La mujer,
la esposa, la enamorada te llora por cumplir
Y luego
se consigue otro, ni por las putas se va quedar sola
Webón.
Todos
rieron a carcajadas, yo tenía la sangre ardiendo, cada recuerdo era dolor,
Tal vez sería la última vez que vería a Yamilé,
tal vez puedo renunciar.
Que mierda.
- ¡Esto
es una mierda, si, una mierda!
No me
gusta despedirme, en esta máquina, que pronto me llevaría a reunirme con mi
Madre
Con Nicol o mi padre que jamás conocí
Escondía
entre sus fauces una bala, solo una bala y puede
Ser para
mí.
La imagen vaga de mi Madre aparecía como entre sueños
Podía sentir sus lágrimas
pero también sonría porque seguro me esperaba
para abrazarme con el corazón.
- Te
toca poeta o vas mariconear.
Mi dedo
sudaba, todo mi cuerpo sudaba, mi índice derecho apretaba lentamente
- Poeta Tú fuiste el de la idea y no seas marica
.....
-Mierda….!
No. No era
aún mi hora.
*****
JAVIER MANRIQUE ONCOY
(TRILCE)