2010

"BIENVENIDO A MI BLOG"

30 de mayo de 2026

TRAVESÍAS INMORTALES : La Reyna de Mollepampa

Primera Parte 




 A veces el amor no empieza con una mirada, sino con una notificación silenciosa en medio de la noche. Así comenzó todo con ella, su nombre no puedo revelarlo, una conversación casual en Instagram que, sin darse cuenta, fue creciendo como crecen las lluvias lentas sobre la tierra seca. Al principio eran palabras tímidas, preguntas simples, fotografías del día, pequeñas confesiones. Luego llegaron las madrugadas interminables, las risas escritas, las llamadas donde el silencio también significaba algo. Y un día, sin anunciarlo, ya nos estábamos amando.

Ella vivía en Santiago, pero llevaba el Perú intacto en la voz. Había en su manera de hablar una nostalgia dulce, como si el mar y la distancia le hubieran enseñado a querer más hondo. Yo esperaba sus mensajes como quien espera una estación entera.

Un mes de noviembre vino a verme.

Recuerdo aquel aeropuerto como se recuerdan ciertos sueños: lleno de ruido alrededor y, sin embargo, extrañamente quieto. Caminé entre la multitud buscándola hasta que apareció. Entonces el mundo perdió importancia. Nos abrazamos largamente, con esa intensidad absurda de quienes sienten que ya se conocían desde otra vida, como si el destino únicamente hubiese tardado en reunirnos.

No hubo incomodidad ni miedo. Solo una ternura antigua.

Fuimos al hotel. Charlamos durante horas, tendidos uno junto al otro, descubriendo que las personas también pueden habitarse a través de las palabras. Afuera la ciudad seguía despierta, indiferente, pero nosotros parecíamos suspendidos en otro tiempo. Cuando hicimos el amor, no fue un acto salvaje ni apresurado; fue una forma de reconocernos. Como si nuestros cuerpos terminaran una conversación que el corazón había empezado meses atrás.

A la mañana siguiente tuvo que ir a la boda de su hermano. Hasta la selva, la vi marcharse con una pequeña tristeza atravesándome el pecho, pero también con la certeza extraña de que el amor verdadero sabe esperar incluso unos días.

Después nos reencontramos en Canta. Sus hermanas la habían traído y con una comprensible desconfianza la dejaron conmigo.

El cielo era limpio, el aire frío y el río llevaba esa transparencia humilde de los lugares que todavía conservan inocencia. Almorzamos junto al agua, hablando de la vida como hablan dos personas que empiezan a imaginar un futuro posible. Caminamos entre los árboles y descendimos hacia el río. Entonces ella apareció sonriendo, sosteniendo dos latas de cerveza como si fueran un tesoro mínimo y perfecto. Nunca olvidaré esa escena. La sencillez de aquel instante tenía algo profundamente humano: dos personas amándose sin necesidad de fingir grandezas.

Bebimos mirando el agua correr.

Y comprendí que la felicidad no siempre llega en forma de milagro; a veces llega vestida de tarde, de río, de silencio compartido y de una mujer que te mira como si el mundo todavía pudiera salvarse.

Aquella noche volvimos al hotel. Hicimos el amor lentamente, con la calma de quienes saben que el tiempo es frágil. Después dormimos abrazados. Escuché su respiración en la oscuridad y pensé que quizá el amor verdadero consiste en eso: encontrar descanso en el pecho de alguien.

Al día siguiente viajamos a Santa Rosa de Quives y luego continuamos hacia Lima. El camino parecía demasiado corto para todo lo que sentíamos. Ella observaba las calles por la ventana mientras yo intentaba memorizar cada gesto suyo: la manera en que acomodaba su cabello, cómo sonreía cuando algo la emocionaba, la tristeza leve que aparecía en sus ojos cuando recordaba que debía partir.

Antes de irse me regaló un perfume.

No era solo un objeto. Era una forma de quedarse conmigo. A veces pienso que ciertos aromas tienen memoria, y que el amor también puede sobrevivir escondido en las cosas pequeñas.

La llevé al aeropuerto.

Las despedidas siempre tienen algo cruel: obligan al corazón a aceptar distancias que el alma no comprende. Nos abrazamos largo rato, aferrándonos uno al otro como si el tiempo pudiera detenerse. Y antes de entrar, ella me miró con los ojos llenos de una tristeza luminosa y dijo:

—Me voy amándote.

Desde entonces, cada vez que recuerdo aquel noviembre, siento que hay historias que no nacen para ser perfectas, sino eternas. Porque hay personas que llegan tarde a nuestra vida… y aun así parecen haber vivido siempre dentro de nosotros.

Autor:

Trilce Aldeano


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12 comentarios:

Anónimo dijo...

Ojalá sea la primera en comentar, hermoso relato Poeta, cada palabra bien escritas. Muchas bendiciones.

Anónimo dijo...

Wow, wow, wow, maravilloso la forma como lo narras, muy sutil y hermoso. Saludos desde Cali.

Vero.

Anónimo dijo...

Wow, wow, wow, maravilloso la forma como lo narras, muy sutil y hermoso. Saludos desde Cali.

Vero.

Anónimo dijo...

Hola Poeta, siempre te leo y hoy apenas me llegó la notificación abrí y me encuentro con esta linda historia. Dios me lo bendiga y siga adelante con los poemas .

Alejandra Fernández

Anónimo dijo...

Una hermosa historia de amor, y lo escribes con mucha pasión, poeta de manos tristes y pies fecundos, soy tu fiel seguidora. Bendiciones

Sandra.

Anónimo dijo...

El camino parecía demasiado corto para todo lo que sentíamos. Ella observaba las calles por la ventana mientras yo intentaba memorizar cada gesto suyo: la manera en que acomodaba su cabello, cómo sonreía cuando algo la emocionaba, la tristeza leve que aparecía en sus ojos cuando recordaba que debía partir. Quedé encantada con esta parte. Dios te bendiga Javi aunque tú no creas en él, sé que te ama por corazón maravilloso que tienes.

Abrazo caluroso desde Cali. Aquí se te extraña mucho.

Dayra

Anónimo dijo...

Siempre sorprendes y vaya que hoy lo hiciste poeta, Sami comentó que vienes a Cali y haremos fiesta, será una maravillosa bienvenida. La historia que escribes es lindo, hay mucho amor por tu amada, debes amarla mucho para dedicarle un hermoso relato, muchas felicidades y bendiciones Javi.

Mayra.

Anónimo dijo...

La segunda parte por favor y voy compartir con tu permiso.

Anónimo dijo...

Hola mi viejo Javi, excelente relato mijo, la Reyna de Mollepampa, quién será esa tal Reyna, te la traes a Colombia papá, muy fino cada detalle.

Juan Camilo

Anónimo dijo...

Que manera tan hermosa de amar a alguien, ya quisiera que me escriban así, he leído varios poemas tuyos en tu blog y vi también le dedicas a una tal Reyna, debes amarla mucho.

Anónimo dijo...

Dicen si un poeta se enamora de ti nunca morirás, este hermoso relato merece ser compartido, la forma como lo dices es amor puro, lo leí varias veces es perfecto. Saludos

Anónimo dijo...

Hola Javi, soy Sonia. Mi admiración y respeto por siempre, eres un ser querido y muy talentoso y me encanta cada que te leo, creo que sé algo de esta historia, uyyy muy hermoso relato.