Epístola al viento.
Hoy, al despertar encontré un mensaje de un joven llamado Jaremy, o así se hace llamar, que me pidió de forma desesperada que lo ayude a redactar una carta a su amada, que use todas mis cualidades literarias y mi vasto talento para poder "exorcizar" los demonios que albergan el corazón de su amada. Dice él. Me dejó algunos datos, algún nombre y que el resto me encargue yo, que confía plenamente que podré escribir la mejor de las cartas y no importa si ella lo lea. Quise negarme pero el incentivo es muy tentador y así que trataremos de escribir lo mejor posible y en primera persona, luego de enviarle, estoy autorizado en publicarlo en todas las plataformas posibles.
Empecemos.
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Hay despedidas que no llegan con un grito, sino con un silencio tan inmenso que termina habitando cada rincón del alma. La nuestra me encontró cuando todavía seguía construyendo, en secreto, el hogar donde imaginaba envejecer contigo.
Aún puedo volver al principio, como quien abre un libro amado y acaricia sus primeras páginas. Te conocí en persona cuando llegaste desde Chile y el aeropuerto dejó de ser un lugar de despedidas para convertirse, por unas horas, en el sitio donde el destino pronunció tu nombre. Después vino aquel hotel donde comenzamos a conocernos sin máscaras; luego la selva, adonde partiste para celebrar la boda de tu hermano; más tarde regresaste y la vida nos regaló aquel río en Canta, unas cervezas, unas risas sencillas y el rumor del agua llevándose nuestras promesas hacia el horizonte. Finalmente, Chile volvió a llamarte, y yo me quedé aprendiendo que el amor también sabe esperar océanos.
De nosotros escribí relatos. De ti nacieron poemas que jamás le pertenecieron a nadie más. Fuiste la única musa capaz de transformar mis días comunes en literatura. Cada verso tenía tu respiración; cada metáfora, el brillo de tus ojos; cada esperanza, tu nombre. Soñé con una casa donde la felicidad tuviera tu voz, con un hogar lleno de libros, de abrazos, de café compartido en las mañanas, con una familia, con un matrimonio donde el tiempo no fuera un enemigo, sino un compañero.
Y, sin embargo, hoy nos rompe algo que jamás imaginé: haber sido solidario con una mujer que está desahuciada y que solo desea ver publicados sus poemas antes de que la vida cierre su último capítulo. Te hablé de ella porque nunca quise esconderte nada. Porque el amor, para mí, siempre fue transparencia. Nunca vi una traición en tender una mano a quien sufre. Tal vez mi mayor error fue creer que mi forma de mirar el dolor humano también sería comprendida por quien más amaba.
No puedo dejar de ser quien soy. No porque te ame menos, sino precisamente porque el amor que aprendí a sentir también me enseñó a tener compasión por quienes cargan heridas.
Si un poeta deja de conmoverse frente al sufrimiento ajeno, deja de escuchar el idioma con el que fue escrita su propia alma.
La empatía no compite con el amor; nace de la misma fuente.
Eso nunca disminuyó lo que sentía por ti. Tú seguiste siendo la mujer de mi vida. La única con quien imaginé el futuro. La única a quien entregué mis páginas más sinceras. La única cuyo nombre pronuncié cuando hablaba con mi mundo interior incluso sin saber si alguien escuchaba.
Amada mía, Gracias por cada día que me regalaste. Gracias por las conversaciones, por las esperas, por las risas, por las lágrimas, por cada kilómetro que recorrimos para encontrarnos. Gracias por permitirme conocer también a tu NICOLE, a quien aprendí a querer con un cariño limpio y verdadero. Hay afectos que llegan sin pedir permiso y se quedan para siempre.
No guardaré rencor. El amor verdadero no colecciona venganzas; colecciona gratitudes. Si conmigo no encontraste la paz que buscabas, deseo, con toda la sinceridad que aún me queda, que la vida te conduzca hacia ella. Ojalá encuentres ese amor que haga descansar tu corazón y silencie todas tus inseguridades. Ese será siempre mi deseo para ti, aunque ya no camine a tu lado.
Yo seguiré amándote no sé hasta cuándo. Tal vez hasta que el tiempo desgaste tu recuerdo; tal vez hasta que mis poemas dejen de buscarte entre sus líneas; tal vez toda la vida. No tengo respuestas para eso.
Solo espero que algún día, cuando mi ausencia ya no duela, puedas comprender que nunca competiste con nadie. Que jamás hubo otra mujer ocupando el lugar que era tuyo. Que mi solidaridad nunca fue deslealtad, sino la consecuencia natural de un corazón que no sabe permanecer indiferente ante el sufrimiento humano.
Si alguna vez vuelves a leer mis palabras, recuerda esto: el hombre que conociste jamás dejó de elegirte. Simplemente se negó a dejar de ser humano.
Y si este es el final de nuestra historia, me marcho con el corazón hecho cenizas, pero con la gratitud intacta. Porque exististe. Porque fuiste mi más hermosa casualidad, mi mejor poema, mi sueño más grande y el amor más profundo que la vida me permitió conocer.
Dondequiera que estés, ojalá la vida te abrace con la misma ternura con la que yo quise abrazarte para siempre.
Con el mayor sueño de ...
Jaremy R
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5 comentarios:
Inevitable no llorar 😭😭😭 qué hermoso escrito, seguro el joven le hará llegar esa carta a su amada. Te aplaudo de pie TRILCE ALDEANO.
Saludos y bendiciones.
Charo
Copio: Si alguna vez vuelves a leer mis palabras, recuerda esto: el hombre que conociste jamás dejó de elegirte. Simplemente se negó a dejar de ser humano.
Huele al gran Trilce. Maravilloso. Dios te bendiga.
Claudia
No diré mi nombre pero como amo tus letras. Dios mio eres un grande Javier.
Trilce siendo Trilce, innegable tu capacidad, la magia, la belleza que transmiten tus letras, es una carta lleno de amor, de dolor, de tristeza, quién sea ese joven, seguro estará pleno de alegría por haber confiado en ti. Aunque no creas, Dios te dio tanta sabiduría y él te protege.
Yamilé
Gracias María del Carmen por compartir. He llorado leyendo cada letra, quiero que me amen así. Bendiciones.
Nataly
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