En la habitación donde envejecen
los ecos
quedó tendido un silencio semejante al invierno.
Nadie volvió por él.
Ni la lluvia con sus melodías de enero
ni los relojes fatigados de insistir sobre la noche.
Yo lo encontré temblando
debajo de una lámpara apagada,
cubierto por el polvo que dejan los recuerdos
cuando abandonan el corazón.
Protégelo — dije —
como se protege una llama diminuta
en medio de un dolor derrumbándose.
Abrázalo con tus manos de niebla,
con esa tristeza suave
que sólo conocen quienes han amado demasiado.
Muéstrale los pájaros que caen al amanecer,
las calles vacías después de la furia,
el rostro del mar
cuando descubre que también está solo.
Háblale de las palabras
que sobreviven al odio,
de las pocas caricias
que justifican el cansancio de existir.
Porque ese instante,
tan pequeño que apenas respira,
es todo lo que queda
de nosotros frente al abismo.
Autor:
Trilce Aldeano
Edición y publicación
María del Carmen García Guerrero
Bogotá – Colombia
Todos los Derechos Reservados
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