2010

"BIENVENIDO A MI BLOG"

21 de diciembre de 2011

DIARIO DE UN BOHEMIO - Billetes Rotos


POR TRILCE

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Al salir del hospital (en verdad aún no comprendo cómo fui a parar a ese tétrico lugar) caminé por los lejanos recuerdos de mi adolescencia, llegué al apartamento y abrí el refrigerador para calmar la sed. La imagen vacía de la nevera me hizo retroceder raudamente, lucía triste y solitaria,  varios días sin ir de compras. Tomé dos billetes de la mesa de noche y fui en busca de algunas cosas al supermercado más cercano; luego de caminar por los pasadizos y tomar lo necesario me acerqué a la caja, una bella muchacha me atiende,  risueña, con acento pereirano y con amabilidad correspondiente empaca el mercado.

-¿Peruano verdad?  . 
 
 Mi camiseta de Universitario me delata la nacionalidad.
Cuando le paso los dos billetes, ella revisa con una minuciosidad absoluta y luego de la revisión me lanza un dardo letal.
 
-Joven estos billetes son falsos.
 
No puedo creer lo que está ocurriendo y ante mi mirada atónita perforó varias veces ambos billetes.  Sin expresar la ira que me consumía por dentro,  manifestando mi inocencia frente la cajera decido no irme sin las bolsas del mercado.

- Mire usted señorita, yo desconozco la autenticidad y la falsedad de los billetes, soy víctima de algún  pillo; pero no puedo llegar a casa con la manos vacías y ver nuevamente mi refrigerador triste y solitario; además tengo el estómago resentido por la comida del hospital.
 
La muchacha sonreía y me miraba con un aire de duda y humor;  entendía claramente las políticas de la empresa y no podía salir de allí sin haber cancelado hasta el último peso; así que mis esperanzas de irme con el mercado y alegrar mi refrigerador se desvanecían lentamente. De pronto jugué mi última carta, pensé en mil cosas y, en un arrebato de atrevimiento le pregunto la hora de su salida. No esperé una respuesta tan cordial y generosa; pero “En una hora…” me empujó osarme mucho más profundo en esa lucha entre mi capricho y las normas de la empresa. Invité a cenar a la Leydi, así decía el pequeño carné que tenía en el pecho, la invité al apartamento.

- Quiero demostarle mi inocencia sobre este bochornoso asunto y disculparme preparándole un plato que creo me sale mejor que todos, ¿Sería mucho atrevimiento si le pido que me acompañase?.
 
La muchacha respiró un aire incrédulo, temeroso, duda pero no dejaba esa sonrisa dibujada en su mirada, luego de una pausa de silencio, aceptó que me llevara las cosas, me quedé sorprendido, receloso sin poder decir nada, si yo solo estaba haciendo una broma, pues no quise aceptar tamaña cortesía. Ella insistió que saliera con esas bolsas en la mano y a cambio aceptaba mi invitación.
Después de llegar a casa me propuse a preparar la cena, visité mi pequeño bar, elegí el mejor vino y la puse refrigerar. No pasaron 30 minutos y recibí la llamada de Leydi.

-¿… Puedo llegar una hora tarde, por favor?
 
Mi incredulidad se disfrazó de alegría y un poco de temor también, que tal fracaso en mi liviana sazón culinaria y cometo algún error con mi invitada misteriosa que me salvó la tarde.
 
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JAVIER MANRIQUE ONCOY
 
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

3 comentarios:

Abigail Santos V. dijo...

Muy encantador eh.

Anónimo dijo...

:)

Anónimo dijo...

Poeta y cocinero, que belleza.