2010

"BIENVENIDO A MI BLOG"

3 de septiembre de 2026

Paisajes de la melancolía.

 Hay días en que el alma se cansa de cargar con su propio nombre. Uno quisiera recoger las pocas cosas que todavía le pertenecen, cerrar la puerta sin despedirse de nadie y tomar cualquier camino que conduzca hacia un lugar donde el pasado no sepa encontrarnos.

Entonces imaginamos ciudades lejanas, estaciones desconocidas, habitaciones frente al mar. Pensamos que basta cambiar de cielo para que algo dentro de nosotros vuelva a respirar. Qué extraña ilusión: creer que la distancia puede hacer por el corazón lo que el tiempo no ha conseguido.

Porque uno viaja con todo lo que es.

Viajan las preguntas que nunca respondimos, las pérdidas que aprendimos a disimular, las decisiones que todavía nos persiguen cuando cae la noche. Viajan nuestros fantasmas, silenciosos y puntuales, sentándose a nuestro lado en cada tren, en cada avión, en cada habitación de hotel.

Y entonces comprendemos que quizá no buscamos otro lugar, sino otra versión de nosotros mismos.

Una que no haya llegado tarde a su propia vida. Una que no tema tanto equivocarse. Una que pueda mirar hacia atrás sin sentir que ha desperdiciado demasiados días.

Pero ninguna frontera sabe borrar un corazón.

Podemos cambiar de calles, de idioma, de horizonte; podemos contemplar otros mares y despertar bajo constelaciones que jamás habíamos visto. Y, sin embargo, al quedarnos solos frente a una ventana desconocida, allí estaremos otra vez: nosotros, con nuestras mismas preguntas, con la misma sed de sentido, con esa antigua tristeza que aprendió a viajar sin hacer ruido.

Tal vez por eso la verdadera fuga no sea partir.

Tal vez sea dejar de huir.

Quedarnos alguna vez frente a nosotros mismos, sin equipaje y sin excusas, y preguntarnos qué parte de esta vida que llamamos equivocada todavía puede ser salvada.

Porque quizá no estamos cansados del mundo.

Quizá estamos cansados de no saber cómo volver a nosotros.


Autor:

TRILCE ALDEANO


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